Avila & Segovia

Segovia
Segovia, cuya ciudad vieja y acueducto romano son Patrimonio de la Humanidad, se encuentra situada en una elevación del terreno, entre los cauces de los ríos Eresma y Clamores. Además del famoso Acueducto, multitud de iglesias románicas, Catedral y Alcázar componen un majestuoso paisaje que domina estas tierras castellanas. Su moderno Parador de Turismo es uno de los mejores lugares donde el viajero puede degustar el plato más típico de la ciudad: el cochinillo al horno. Asimismo, Segovia es un excelente punto de partida para recorrer la provincia y acercarse al palacio de La Granja o al Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, entre otras opciones.

Tras ser un emporio militar bajo el Imperio romano, Segovia vive su época de esplendor durante la Edad Media, al convertirse en lugar de residencia de la corte de los Trastámara y ser un importante centro de actividad ganadera y textil. A este periodo se debe la construcción de un elevado número de edificios románicos, riqueza patrimonial que aún se conserva.La puerta de entrada al casco histórico de Segovia es el Acueducto romano, en la plaza del Azoguejo. Esta joya de ingeniería, construida bajo la Roma imperial (s. I), transportaba agua a la ciudad alta desde 15 kilómetros de distancia. Sus 163 arcos y sus 29 metros de altura, en su punto más alto, se sustentan gracias a sillares de piedra de la Sierra de Guadarrama sin argamasa, plomo o mortero.


Al abrigo de la Sierra de Gredos se alza Ávila, declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Tras las murallas de esta capital castellano-leonesa se esconde un valioso conjunto de iglesias y palacios renacentistas, testigo del esplendor pasado de la urbe como centro de producción textil.Su condición de cuna de Santa Teresa de Jesús ha dejado en toda la ciudad, tanto dentro como fuera del recinto amurallado, un gran número de edificios religiosos vinculados a la vida de la mística. La Comisión Europea ha concedido a Ávila el premio de 2010 a la Ciudad Accesible.Los excelentes asados y el famoso chuletón de ternera de Ávila son sólo una parte del rico recetario de la provincia, sin olvidar, en el apartado de repostería, las célebres yemas de Santa Teresa.

La dilatada historia de Ávila comienza con el primitivo asentamiento celtíbero de los vetoneshacia el 700 a. C. Con la llegada de los romanos en el s. III a. C. se procedió a la construcción de la primera muralla, lo que convirtió a Ávila en un importante enclave defensivo. Tras varios siglos de decadencia, en el siglo XI la ciudad fue repoblada y reconstruida. Según cuenta la tradición, Raimundo de Borgoña, yerno del rey Alfonso VI, fue el encargado de supervisar la reconstrucción de la muralla sobre las ruinas de la antigua fortificación romana. La época de mayor esplendor de esta ciudad llegaría en el siglo XVI, momento en que la manufactura lanar permitió el despegue económico de la urbe. Durante ese periodo de bonanza se construyeron en la ciudad numerosos edificios civiles y religiosos que aún perviven en el casco histórico de la localidad.